21 de abril de 2009

Te propongo


“Sé que a veces te desespera que pregunte tanto, pero de verdad no lo hago con la intención de exhibir ante los demás que no sabes todo, pues ¿quién sí? La causa de mis preguntas es que estoy ansioso por descubrir, con mis propias palabras, los secretos de la ciencia, el arte y la vida.
Te propongo un trato para que no sientas que pregunto con afán de molestarte: Cuando dude sobre algún tema, no siempre me respondas; mejor enséñame a buscar una respuesta que pueda convertirse en tres preguntas más.


Sé que te molesta que me burle, eche relajo en clase y a veces me haga el chistoso. Sabes, grito porque necesito de una mano que me ponga límites y de otra que me comprenda y enseñe. Hagamos una cosa, mientras más rebelde veas que me comporto, sé más firme y amoroso conmigo, te necesito.


Perdona que bostece en clase y esté escurrido en mi asiento, apático y desinteresado. No te confundas, no es la edad, tampoco que esté entrando en la adolescencia. Es que lo que me enseñas a veces no toca mi realidad, no se apega a lo que vivo a diario, por eso ves que vuelo lejos, soñando otras cosas que quiero hacer de mi vida.


Quisiera pedirte, por ti y por mí, que cuando planees tu clase, pienses en las cosas que vivo y conozco, para que lo que me vas a enseñar, toque mi realidad, con la finalidad de que yo lo utilice para cumplir mis sueños; ¡ah!, eso sí, no me pidas sólo memorizar, mejor pídeme que entienda, para que en algún momento, lo que tú me enseñas, pueda aplicarlo a mi persona y a mi entorno.
Sabes, a veces creo que te incomoda la gran carga y responsabilidad que la sociedad ha puesto en ti. Sucede que nuestros padres creen que tú nos tienes que instruir y educar, suplantando su papel: “si ha de resolverse para bien, es responsabilidad del maestro, lo mismo si se echa a perder”. ¿Qué pesado es a veces, no?


Oye, no te responsabilices más de lo que te han dicho que eres responsable y recupera esta vocación sencilla y cariñosa que reconozco cuando te veo: ¡Eres guía y acompañante de mi caminar! Recupérame con tu vocación.


Hoy te digo la verdad y no te propongo cosas lejanas que tu sabiduría de guía y profesor, no puedan lograr con éxito profundo en tu vida y en la mía. Ahora no quiero ser un número o un apellido, no quiero ser sólo yo, ni que tú te sientas solo. Mira, seamos dos, profe y alumno, y construyamos un mundo mejor.


Por último, sé que no lo digo muy seguido, pero ahora es cuando: Gracias por tu compromiso, gracias por tu entrega, gracias por tu vocación. Gracias por ser mi maestro. Sabes, Yo te quiero recuperar, ¿y tú?”.

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