20 de junio de 2009

Para alentarnos


Esto es una anécdota de algo que sucedió recientemente en una zona rural de los EE.UU. Espero que al lector le engrandezca su fe.

Una pareja que tuvieron una sola hija, decidió vivir en una zona rural muy apartada de cualquier parte de la ciudad, especialmente para estar lejos de cualquier influencia religiosa. Ambos padres eran atéos y muy estaban muy disgustados con la religión organizada y solo con mencionar cualquier iglesia se les montaba la ira. Quisieron criar a su pequeña hija sin cualquier parafernalia de una fe en un ser espiritual. Lograron su meta hasta que la niña cumplió los siete años de edad. Tan llena de furia estaba ese hogar que a esa edad tan joven, ella presenció el asesinato de su mamá por su papá, y luego el suicidio de él. El gobierno local la llevó para que fuera adoptada por una familia con el deseo de ayudarla a sobresalirse de este pesadilla que había vivido. La familia con quien quedo hospedada se encariñó con ella y la adoptó.

Después de unas semanas, le preguntaron si quería ir con ellos a la iglesia. Ella, sin saber que era, y sin que le importara mucho lo que hacía, se fue con ellos. Acompañó a los hijos de la familia cuando fueron a la clase de escuela dominical (equivalente a las clases de catequésis en una iglesia católica). Los padres adoptivos de la niña habían informado a la profesora que la niña no había estado expuesta a la religión y que quizá estaría un poco incomoda. Durante la lección, la profesora mostró a la clase un dibujo de Jesús, y preguntó a todos los niños quien era el hombre en el dibujo. La niña sorprendentemente alzó la mano para contestar. La profesora, un poco atónita, decidió dejarla contestar.

La niña contestó ese es el hombre amable quien me abrazaba y me consolaba mientras vi morir a mis papás.