30 de junio de 2010

¿Porqué la gente grita?


Un día Meher Baba preguntó a sus mandalies lo siguiente:
- ¿Por que la gente se grita cuando están enojados?
Los hombres pensaron unos momentos:
Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos.
Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? - preguntó Baba
- No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía a Baba.
Finalmente él explicó:
Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego Baba preguntó:- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?
Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca.
La distancia entre ellos es muy pequeña.

Baba continuó - Cuando se enamoran más aún, qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.

Luego Baba dijo:
-Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, si no llegará un día en que la distancia sea tan grande que no encontrarán más el camino de regreso.

El guiso de lentejas


Un día, Diógenes estaba comiendo un plato de lentejas, sentado en el umbral de una casa cualquiera. No había ningún alimento en toda Atenas más barato que el guiso de lentejas. Comer guiso de lentejas significaba que te encontrabas en una situación de máxima precariedad.

Pasó un ministro del Emperador y le dijo:

-¡Ay, Diógenes! Si aprendieras a ser más sumiso y adular un poco más al Emperador, no tendrías que comer lentejas.

Diógenes dejó de comer, levantó la vista y, mirando intensamente al acaudalado interlocutor, contestó:

-Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al Emperador.

Paradigma de un hijo


Durante la Semana Santa leí nuevamente el libro de la doctora Carter-Scott, en el que su autora destaca las recomendaciones para tener una vida plena -"If life is a game, these are the rules" ("Si la vida es un juego, éstas son las reglas")- y volví a recordar que lo más importante es estar contento con uno mismo, estar contento con lo que somos física, emocional, espiritual e intelectualmente.

Pero en un segundo libro que leí, también en Semana Santa, su autora destaca que los padres tenemos una influencia muy importante en nuestros hijos. Su autora, Dorothy Law Notre, resalta que: "Los niños son como esponjas, ellos observan e internalizan todo lo que nosotros decimos y hacemos; ellos están aprendiendo de nosotros todo el tiempo, esto aunque nosotros no nos demos cuenta de que les estamos enseñando".

Efectivamente, nuestros hijos son el espejo de nosotros. Rápidamente vinieron a mi mente el sinnúmero de niños que son unos expertos en computadoras, saben tocar el piano, saben bailar flamenco o ballet, saben tocar la guitarra, juegan fútbol americano o sóccer, y tantas otras cosas más que aprenden los niños gracias al tesón, trabajo, esfuerzo y entusiasmo de sus padres. Vinieron también a mi mente las imágenes de Kosovo y el impacto en los niños de tanto odio, agresión, angustia, incertidumbre y peligro que están viviendo. Yo me temo que ellos están aprendiendo a odiar.

¿Qué aprendí del libro de Dorothy "Children Learns What They Live" ("Los Niños Aprenden lo que Ellos Viven"), de la editorial Workman?

* Que lo que somos depende de uno mismo y de nuestro medio ambiente.
* Que los padres somos una parte muy importante del medio ambiente de nuestros hijos -somos un espejo que les refleja mensajes y comportamientos del medio ambiente.
* Que mucho de los hábitos, actitudes y valores que tenemos no son más que un reflejo de lo que vivimos en nuestra casa, son un reflejo de los hábitos, actitudes y valores de nuestros padres
* Que los padres tenemos una gran responsabilidad; responsabilidad que no es tan evidente para los padres jóvenes, y me temo que esto se aplica también para algunos ya no tan jóvenes.
* Que muy pocos padres están preparados para enfrentar esa gran responsabilidad.
* Que tenemos que prepararnos para ser un paradigma-espejo para el aprendizaje de nuestros hijos.

Aprendí también una serie de recomendaciones que destaca Dorothy en su libro:

1.- "Que si los niños viven en un ambiente en el cual impera la crítica, ellos aprenden a criticar y condenar". Si nos dedicamos a criticar a nuestros hijos: Si les decimos, mira nada más qué sucio vienes, qué desarreglado está tu cuarto, eres un burro, ¿qué cree que están aprendiendo de nosotros?
Si hacemos lo mismo con nuestros amigos, con nuestros gobernantes, con nuestros jefes, con nuestros subordinados, con nuestro país, les estamos enseñando cómo condenar a otros y es más, asegura Dorothy, podemos enseñarles a condenarse a ellos mismos.

Esta, asegura Dorothy, es una excelente manera de destruir su autoestima y el respeto por los demás. ¿De quién depende que esto no ocurra? De nosotros, los padres, que tenemos que aprender a no actuar así, pero también de la comunidad, añadiría yo. Si la comunidad regiomontana es una comunidad que le encanta la crítica y esto se refleja en la radio, en la televisión y en los periódicos, entonces no nos debemos de extrañar de la actitud de nuestros jóvenes.

2.- Destaca también que si los niños viven en un ambiente hostil, ellos aprenden a pelear. Desde luego este ambiente hostil se puede presentar de diferentes maneras: un ambiente hostil en la casa debido a los conflictos entre los papás, pero también el ambiente hostil que puede generar el que los niños pasen cientos de horas frente a la televisión viendo películas o caricaturas en las que se presentan imágenes de violencia. Recuerde que la violencia polariza la actitud de los niños marcándolos muchas veces para toda la vida, volviéndolos agresivos o marcándolos con una actitud de evitar los conflictos a como dé lugar.

3.- Asimismo, también la autora distingue que si los niños viven con temores y miedos, ellos aprenden a ser agresivos. Desde luego, asegura Dorothy, a los niños les encantan las historias de miedo; pero vivirlo en carne propia y continuamente los vuelve agresivos e inseguros.

Así que, estimado lector, atienda los temores y miedo de sus hijos entendiendo que lo que para ellos es muy importante, a usted le puede parecer intrascendente.

Yo todavía recuerdo vivamente el miedo que sentía cuando jugando en la calle, frente a mi casa en San Antonio de las Alazanas, se acercó una camioneta, de seguro a preguntarme algo, y no sé por qué vino a mi mente que me iban a secuestrar y sin mediar palabra salí corriendo hacia los brazos de mi mamá. Duré más de un mes teniendo pesadillas

¿Porqué tanta prisa por crecer?


En estos tiempos pareciera que ser niño es algo humillante.

Y eso que esa etapa es una de las más cortas de nuestra existencia, tomando en cuenta que, según datos recientes de la Organización Mundial de la Salud, en la actualidad, el promedio de vida en el ser humano anda alrededor de los 74 años.

La niñez cada vez se acorta más; antes podíamos decir que una persona de 12 a 15 años era aún un niño, pero ahora le llamamos “preadolescentes” o “adolescentes”. Entonces, si la niñez empezara a nuestros 4 años donde más o menos empezamos a tener "conciencia" de las cosas, y acabará a nuestros 11 años, y tomáramos en cuenta el promedio de vida como 74 años, el porcentaje de nuestra etapa infantil sería sólo de 11% del total de nuestra existencia. ¡Realmente poco! Y con nuestra tendencia actual, éste porcentaje tiende a reducirse aún más.

Pero, ¿porqué ésta prisa por crecer?

La mayoría de los adultos guardamos en nuestros recuerdos momentos felices.… la mayor parte de ellos vividos cuando aún éramos niños, sin preocupaciones y comúnmente sin más deber que asistir a la escuela, hacer tareas y tender nuestra cama. Pasábamos horas recorriendo el jardín en busca de chapulines y flores, jugábamos guerritas de agua con nuestros amigos, nos sentábamos por hooooras a platicar con nuestro mejor amigo, bailábamos y cantábamos toda la música infantil de nuestra época, organizábamos “obras de teatro” con nuestros amigos, jugábamos a las escondidas, y después de estar toda la tarde jugando lo único que queríamos era disfrutar de la rica cena que mamá o la abuela nos tenían lista.

Las niñas, aunque estuvieran un poco grandecitas, todavía jugaban con sus muñecas y casitas, y los niños andaban en la calle jugando pelota o patinando con sus amigos.

La idea de algún noviazgo no pasaba por nuestra cabeza, eso era para los “grandes” de más de 18 años….

Ahora, todo es diferente. Desde que el niño empieza a tener 11 o 12 años, ya no se siente bien teniendo fiestas infantiles con globos y concursos, aunque él sí lo siga disfrutando. Pero ¿que dirían sus amigos si supieran que para él su máxima diversión es el juego de las sillas musicales? ¡No, que verguenza! las niñas se desprenden de sus muñecas como si éstas estuvieran contaminadas con algo horrendo, porque ellas ya están “grandes”…. ¿ir a un parque con papá y mamá para jugar a la pelota? ¡Impensable, eso es para bebés!. Y si uno ve sus cuartos, no podrá encontrar ni con lupa un “juguete” sea cual sea, que no se parezca a un mp3 player o un videojuego de moda.

Y… ¿quién tiene verdaderamente la culpa de todo esto? Los padres, claro, porque muchas veces no se toman el tiempo para estar con su hijo y prefieren que sea la televisión la que los eduque. Siempre están tan cansados, que lo que menos desearían en un fin de semana es ir al parque con sus hijos para practicar el béisbol o el fútbol, porque ya tienen planes de dormir todo el fin de semana o reunirse con sus amigos.

Quieren ver a sus hijos realizados, y por ello desde pequeños les motivan a defenderse, a exigir sus derechos, a ser los mejores, y con ello, a presionar a sus hijos para que no pierdan el tiempo y crezcan cada vez más rápidamente. Les dan regalos costosos porque quieren demostrarles cuánto los quieren y entonces el niño, desde pequeño se vuelve exigente y difícil de complacer porque a corta edad ¡ya lo tuvo todo!: teléfono, televisión, celular, aparatos sofisticados de sonido, potentes computadoras, y hasta autos. ¿Para qué ese muchacho desearía seguir siendo niño? Si conforme va creciendo, se puede comer el mundo a mordidas mas grandes. Pero tristemente también, el mundo se va volviendo cada vez más “aburrido”. O, ¿quién no conoce a un “adolescente” que se queja de que está aburrido cada 5 minutos?

Pensemos entonces nosotros los padres, en tratar de devolverle a la niñez esos años que poco a poco se le han ido robando…. Fomentemos en nuestros hijos los gustos por las cosas sencillas, cálidas, y que disfruten verdaderamente de las personas, no de los aparatos modernos. Enseñémosles la magia de recortar muñecas de papel y vestirlas, de pintar un dibujo con lápices de colores, de jugar al “capeado” con la pelota, de salir a caminar y platicar, de explorar nuestro jardín y descubrir tantas cosas sorprendentes.

Enseñémosles a nuestros hijos a hacer pasteles, a jugar a inventar canciones, explíquenles que no tiene nada de malo que juegue con sus hermanos o amigos con sus juguetes como globos, muñecas, o carritos, dejémoslos hacer “casitas” debajo de las mesas o atrás de los muebles, y sobre todo, respetemos esos momentos de juego como sagrados porque son los momentos que más recordarán durante su madurez, que durará mucho más tiempo del que uno desearía.

Abrázemosles mucho, que nunca carezcan de nuestro cariño.

Para los papás buena onda...


... Y también para los que no lo son.

Responsabilidad. honor, vergüenza, respeto, principios elementales.

Bueno, pero... ¿Qué nos pasa? ¿Qué es lo que nos hace suponer, que alguien más tiene la responsabilidad de cuidar de nuestros hijos, si nosotros, que se supone que somos los que más los amamos, no queremos tomar esa responsabilidad?

Es ridículo ver esas mesas redondas, en las cuales funcionarios públicos, dueños de bares y discotecas, miembros de comités ciudadanos y medios de comunicación se culpan unos a otros por algo que no es más que falta de responsabilidad de nosotros los padres.

Que si en los bares le venden alcohol a menores; que si los agentes de tránsito reciben sobornos,
que si no cierran estos lugares a la hora señalada
que los jóvenes salen de estos lugares "totalmente borrachos"

¿Pero en dónde están los padres de éste menor que tomó más de la cuenta?
¿Quién lo recibe en su casa a esas horas y en ese estado?
¿Quién le dio el dinero para entrar en el bar, para el alcohol y para el soborno?
¿Dónde están los padres que le dieron el carro a un menor que no es capaz de hacerse responsable y manejar aunque esté tomado?

¡Por favor! ¿En qué piensan los padres de esos jóvenes que salen de su casa a las 11 de la noche, habiendo empezado a tomar desde la tarde, durante el partido de futbol?

¿Y qué están pensando los padres de la jovencita de 15, 16 ó 17 años, que va a conseguir raid de regreso con la mamá de fulanita, sin querer enterarse de que esa mamá ni siquiera está en la ciudad?

¿Por qué queremos pasarles la responsabilidad de decidir en manos de quién ponen su vida, si todavía no son capaces de decidir de que color pintarse el pelo, hoy con rayitos, mañana mejor negro o rojizo?

¿Por qué les damos permiso a nuestras hijas de irse a dormir después de la disco a casa de una amiga y les cargamos la responsabilidad de llevarlas a los novios de 19 ó 20 años, quién sabe a qué hora y no sabemos ni cómo, pues puede ser que tome de más?

¿Porqué queremos creer que son maduros y responsables si nosotros mismos no lo estamos siendo?

Nos volvemos ciegos a los peligros por comodidad, nos hacemos los "buena onda", "es que yo sí le tengo confianza a mi hija", "yo si confío plenamete en mi hijo".

Lo que tenemos es miedo y flojera, no queremos actuar como padres.

Nuestros hijos no necesitan que seamos sus compas... Ellos ya tienen un montón de amigos, de su edad. Seamos sus verdaderos amigos, preocupémonos por ellos.

Nuestros hijos necesitan padres valientes y responsables, que fundamenten principios basicos, que pongan reglas y luego estén ahí para ver que se cumplan.

¿Cómo va a depender la seguridad de mi hijo del barman de un antro o del agente de tránsito, o si dueño de la disco no cumple la ley y cierra a las 6:00 a.m. en lugar de a las 3:00 a.m.?

Yo creo que sí debería de haber un horario, "pero el que los padres pongan en su casa" independientemente de la hora que cierren los antros.

¿De qué tenemos miedo, papás?, ¿de que nuestros hijos nos odien?
¿Por qué no podemos poner reglas?, ¿Por temor a que ni nosotros las cumplamos?
¿Porqué no podemos exigir que se cumplan?, ¿Porque debemos darle su libertad?
¿Porque abandonamos a nuestros hijos? ¿por buscar nuestras propias comodidades?,

Si los jóvenes no necesitaran guía, si no necesitaran límites, ni autoridad a quién respetar...
no existiríamos los padres.

Se nos encomendó una misión muy especial, la más grande: la formación de una familia y es a nosotros a quien se nos pedirá cuentas por nuestros hijos; no al dueño del bar, ni al amigo de nuestro hijo que iba conduciendo borracho cuando chocaron y desgraciadamente falleció, ni al novio que se esta luciendo de lo rápido que maneja y lo bien que "controla" el auto aún estando borracho, ni al policía, ni al maestro...¡a nadie más!

Nunca, nadie podrá hacer que nuestros hijos regresen a casa a tiempo y a salvo, si nosotros no podemos hacerlo.

No existe ley, ni horario, ni funcionario capaz de hacer por nuestros hijos, lo que nosotros no queremos hacer.

¡ACTUAR COMO PADRES ES MUY DIFICIL!
¡NADIE NOS ENSEÑÓ A SER PADRES!
¡Y MUCHO MENOS A SER UNOS PADRES IDEALES!

No estamos en campaña de elecciones para ser el papá más popular del año, pues ya cada quién tiene el padre que le tocó y sería estúpido poner en peligro la seguridad de nuestros hijos por quedar bien y caerles bien a sus amigos y aún más estúpido utilizar a nuestros hijos como instrumentos de venganza hacia nuestras fallidas relaciones en esta época de tantos padres divorciados.

Es horrible oír de muertes de muchachos así, que han tenido la desgracia de toparse con esos otros jóvenes, hijos de padres "buena onda". Incluso oír de muertes de niños por accidentes o asesinatos que no han estado al cuidado de su papá y/o mamá.

Es increíble ver a los niños(as) jugando SOLOS en la calle sin ningún cuidado y es increíble ver a nuestros jóvenes metidos en los antros durante todo el fin de semana tomando y en muchas ocasiones drogándose ya sea por voluntad propia y/o propiciados por tanta gente sin moral y sin escrúpulos

No estaría mal ganarnos el respeto de nuestros hijos, tomando las riendas de su vida, haciéndonos responsables de su hora de llegada, de lo que toman, de sus calificaciones, haciéndoles saber lo que esperamos de ellos y creando los medios para ayudarles en su lucha para conseguirlo.

Pongamos los pies en la tierra, seamos concientes.. .

Los jóvenes y niños, lo único que necesitan, es que ACTUEMOS COMO PADRES !!!

"SOCIEDAD MEXICANA DE PADRES MALOS"
PERO QUE QUEREMOS A NUESTROS HIJOS
¡¡¡ÚNETE A LA CAMPAÑA!!!.

Los zapatos del campesino


Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones.

Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor: "Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre".

Mi querido amigo - le dijo el profesor - nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.

Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre, terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo.

Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dió vuelta y la volvió a mirar.

Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.

El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas.

Ahora- dijo el profesor- ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?

El joven respondió: "Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir".

24 de junio de 2010

La fábula del puercoespín

Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío.

Los puercoespín dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera se abrigarían y protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, los que justo ofrecían más calor. Por lo tanto decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados.

Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con una persona muy cercana puede ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro.

De esa forma pudieron sobrevivir.
Moraleja de la historia
La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y admirar sus cualidades.

23 de junio de 2010

La arena y la roca

Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y discutieron. Uno acabó dando al otro una bofetada. El ofendido se agachó y escribió con sus dedos en la arena: “Hoy mi mejor amigo me ha dado una fuerte bofetada en la cara”.

Continuaron el trayecto y llegaron a un oasis, donde decidieron bañarse. El que había sido abofeteado y herido empezó a ahogarse. El otro se lanzó a salvarlo. Al recuperarse del posible ahogamiento, tomó un estilete y empezó a grabar unas palabras en una enorme piedra. Al acabar se podía leer: “Hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida”.

Intrigado su amigo, le preguntó:

–¿Por qué cuando te hice daño escribiste en la arena y ahora escribes en una roca?

Sonriente, el otro respondió:

–Cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir la ofensa en la arena, donde el viento del olvido y del perdón se encargará de borrarla y olvidarla. En cambio, cuando un gran amigo nos ayuda o nos ocurre algo grandioso, es preciso grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento de ninguna parte del mundo podrá borrarlo.

15 de junio de 2010

Venta de cachorros

Cierta vez escuché un relato acerca de un granjero que tenía cachorros para vender. Hizo un cartel ofreciendo los cachorros y lo clavó en un poste en una esquina de su campo. Mientras estaba clavando el cartel al poste, sintió que le daban un tirón en sus pantalones de trabajo.

Miró hacia abajo y vio a un muchachito con una amplia sonrisa y con algo en su mano. “Señor”, le dijo, “quiero comprarle uno de sus cachorritos”. “Bueno”, le contestó el granjero, “estos cachorros son de raza, y cuestan bastante dinero”. El muchachito inclinó por un momento su cabeza, luego volvió a levantarla para mirar al granjero y dijo: “He conseguido treinta y nueve centavos ¿Es esto suficiente para echarles un vistazo?”

“Seguro”, dijo el granjero, comenzando a silbar y a gritar, “Dolly , ven aquí, Dolly”. Dolly salió corriendo de su casilla y bajó la rampa seguida de cuatro pequeñas bolas de piel. Los ojos del muchachito danzaban de alegría.

Entonces de la casilla salió, a hurtadillas, otra pequeña bola, ésta era notablemente más pequeña. Se deslizó por la rampa y comenzó a renguear en un infructuoso intento por alcanzar al resto. El cachorrito era claramente el más pequeño de la camada. El muchachito apretó su carita contra la cerca y gritó con fuerzas: ¡Yo quiero a ése!, señalando al más pequeño.

El granjero se arrodilló y dijo: "Hijo, tú no quieres a este cachorrito. Él nunca podrá correr y jugar contigo de la forma en que tú quisieras”. Al oír eso, el muchachito bajó la mano y lentamente se subió el pantalón en una de sus piernas. Al hacerlo, mostró una prótesis de doble abrazadero de acero a ambos lados de su pierna, que iba hasta un zapato especial. Mirando hacia arriba al granjero, le dijo: “Como usted verá, señor, yo tampoco corro tan bien que digamos, y él necesitará a alguien que lo comprenda”.

El tazón de madera

Un viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años, ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.

La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacia el alimentarse un asunto difícil. Los frijoles caían de su cuchara al suelo de y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel.

El hijo y su esposa se cansaron de la situación. "Tenemos que hacer algo con el abuelo", dijo el hijo. "Ya he tenido suficiente, derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo".

Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera.

De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado sólo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.

El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo.

Le preguntó dulcemente: ¿Qué estás haciendo?

Con la misma dulzura el niño le contestó: "Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos".

Sonrió y siguió con su tarea.

Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla.

Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.

Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben.

Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas.

Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de su hijo. Seamos constructores sabios y modelos a seguir.

He aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo.

He aprendido que aún cuando me duela, no debo estar solo.

LA GENTE OLVIDARÁ LO QUE DIJISTE Y LO QUE HICISTE, PERO NUNCA CÓMO LOS HICISTE SENTIR.

El buitre, el murciélago y el abejorro

El buitre

Si se pone a un buitre en una jaula de más o menos 2 por 3 metros y abierta en la parte de arriba, a pesar de su habilidad de volar, esta ave llegaría a ser prisionera. La razón es que el buitre siempre comienza su vuelo con una carrera de por lo menos 4 a 6 metros. Sin el espacio necesario para correr, ni siquiera intentaría alzar el vuelo, sino que se mantendría prisionero toda la vida en una pequeña jaula abierta por arriba.

El murciélago

Un murciélago común puede volar toda la noche, con una extraordinaria agilidad, pero no puede levantarse en vuelo de una superficie plana. Si es colocado en el piso o en una superficie nivelada, todo lo que puede hacer es revolotear sin lograr nada y sin duda esto sería muy doloroso para el, pero si logra llegar a un lugar con una pequeña elevación desde la cual se puede lanzar en vuelo. Entonces se eleva con gran velocidad.

El abejorro

Un abejorro si es lanzado en una cesta, se quedara allí hasta que muera, a menos que alguien lo saque. Nunca buscara por su cuenta manera de escapar por la parte de arriba, pero persistirá tratando de buscar una manera de escapar atreves de los lados, cerca del fondo. Buscará una salida de escape donde no existe alguna haciéndose mucho daño.

Las personas

En muchas maneras, nosotros también somos como el buitre, el murciélago, y el abejorro. Luchamos solos contra todos nuestros problemas y frustraciones, sin percatarnos que lo único que tenemos que hacer es levantar la vista hacia arriba.

¡Esa es la respuesta, la salida de escape y la solución a cualquier problema! ¡Simplemente levantar la vista hacia lo alto! ¡Las tristezas nos hacen ver hacia atrás, las preocupaciones nos hacen ver a nuestro alrededor, Pero la confianza de ser mejores cada día nos hace ver hacia arriba! ¡Confiemos en nuestras capacidades y potencialidades!

El carpintero


Había una vez un viejo carpintero que, cansado ya de tanto trabajar, estaba listo para retirarse y dedicarle tiempo a su familia. Así se lo comunicó a su jefe, y aunque iba a extrañar su salario, necesitaba retirarse y estar con su familia; de alguna forma sobrevivirían.

Al contratista le entristeció mucho la noticia de que su mejor carpintero se retiraría y le pidió de favor que si le podía construir una casa más antes de retirarse. El carpintero aceptó la proposición del jefe y empezó la construcción de su última casa pero, a medida que pasa el tiempo, se dio cuenta de que su corazón no estaba de lleno en el trabajo.

Arrepentido de haberle dicho que sí a su jefe, el carpintero no puso el esfuerzo y la dedicación que siempre ponía cuando construía una casa y la construyó con materiales de calidad inferior. Esa era, según él, una manera muy desafortunada de terminar una excelente carrera, la cual le había dedicado la mayor parte de su vida.

Cuando el carpintero terminó su trabajo el contratista vino a inspeccionar la casa. Al terminar la inspección le dio la llave de la casa al carpintero y le dijo: "Esta es tu casa, mi regalo para ti y tu familia por tanto años de buen servicio".

El carpintero sintió que el mundo se le iba... Grande fue la vergüenza que sintió al recibir la llave de la casa, su casa. Si tan solo él hubiese sabido que estaba construyendo su propia casa, lo hubiese hecho todo de una manera diferente.

Tú eres el carpintero. Cada día martillas un clavo, pones una puerta, o eriges una pared. Alguien una vez dijo: "La vida es un proyecto que haces tú mismo. Tus actitudes y las selecciones que haces hoy construyen la casa en la cual vivirás mañana".

¡Construye sabiamente!