13 de mayo de 2013

¿Qué es lo que hacen los buenos profesores?




1. No se trata de nosotros, sino de ellos
  Los verdaderos profesores deben considerarse a sí mismos como guías que llevan a los estudiantes en una excursión en donde el punto focal no es el profesor, sino los estudiantes.
  No es bueno llegar a la clase pensando “¿Qué voy a hacer hoy?” sino “¿Qué van a hacer mis estudiantes hoy?”

2. Estudiemos a nuestros estudiantes
  No basta con conocer nuestros materiales. Debemos conocer a las personas a las que vamos a enseñar, sus talentos, su experiencia previa y sus necesidades. De otra manera, ¿cómo podemos estar seguros de lo que ellos ya conocen y de lo que necesitan saber?
  Una analogía muy simple es imaginarse que alguien nos pregunta “¿Cómo llego a…?”  Lo primero que debemos preguntar es “¿En dónde está usted?” Debemos saber el punto de partida de un alumno para ayudarlo a llegar a su destino. Puede sonar obvio, pero como profesores, a veces empezamos el viaje y nos olvidamos de preguntar de dónde vienen nuestros estudiantes.

3. Creemos un ambiente seguro para tomar riesgos.
  Recuerdo cuando estaba enseñando a una de mis hijas a cruzar la calle cuando tenía cinco años. Siempre le decía: “Tú me dices cuándo podemos cruzar”. Le daba la mano y esperaba a que ella tomara la decisión y me llevara. Si su decisión era equivocada, le preguntaba: “¿Estás segura? Mira otra vez”.
  Aprender es un acto de vulnerabilidad. Los estudiantes tienen que reconocer que ellos no saben, tomar riesgos y repensar lo que creían que sabían. Eso puede ser incómodo e incluso aterrador para algunos y nuestro trabajo como profesores debe ser el de crear un entorno favorable para que puedan lanzarse al vacío con la certeza de que la red que pusimos estará allí esperándolos.
  Las maestras de preescolar muchas veces colocan cojines en el suelo y se sientan a la misma “altura” de sus estudiantes, o llenan las paredes del salón con sus trabajos para hacer que el espacio sea de ellos. El resultado es un ambiente de aprendizaje seguro para ellos emocional, intelectual y psicológicamente.
  Los estudiantes tienen que saber que pueden confiar en su profesor.  Por eso es importante que sepan que en nuestra aula de clase no existe el sarcasmo y que nosotros no los vamos a hacer quedar mal ante los demás.

4. Los grandes maestros emanan pasión
  La diferencia entre un buen profesor y un gran profesor no es su experiencia o sus conocimientos. Tiene que ver con su pasión. Pasión por el tema, pasión por enseñar, pasión por lo que hace. El deseo es contagioso, si el profesor lo tiene, lo más seguro es que los estudiantes también lo obtendrán.
  Lo más importante es tener pasión por lo que se hace y esta debe ser genuina. Es algo que no se puede simular. Los estudiantes descubren inmediatamente cuando ponemos un interés sincero y cuando no.

5. Volvámoslo claro, así no podamos volverlo simple
  Uno de los principales atributos de un gran maestro es su habilidad para desmenuzar ideas complejas y hacerlas entendibles.  La esencia de enseñar y de aprender está en la comunicación.  Como profesores debemos estar permanentemente mejorando nuestras habilidades de comunicación tanto escrita como oral.
  Nuestra labor consiste en ser constantes traductores de conceptos difíciles a un idioma simple. Somos clarificadores, iluminadores, desempacadores. Buscamos ejemplos, creamos metáforas, hacemos diagramas: todo lo que sea necesario para que nuestros estudiantes reciban en forma clara el mensaje. Pero no debemos sobrepasarnos y querer trivializar todo. Muchas veces el estudiante necesita bocadillos de conocimiento que le exijan un esfuerzo adicional.

6. Somos líderes y tutores
  Los buenos maestros son guías que acompañan y orientan , son firmes, pero no son rígidos ni autoritarios

7. No temamos ser vulnerables
  Para algunos, ser un profesor significa presentarse como la persona que tiene todas las respuestas. Cualquier signo de vulnerabilidad o de ignorancia puede significar debilidad. Ese tipo de persona es un pésimo profesor
  A veces la mejor respuesta que un profesor puede dar es, “No lo sé”. En vez de perder credibilidad, se gana la confianza de los estudiantes y esa confianza es la base de una relación productiva. Todos sabemos que la perfección es una máscara. Por eso desconfiamos de las personas que se ocultan detrás de la máscara del sabelotodo. No son honestos con nosotros. Las personas con las que desarrollamos las más profundas conexiones son aquellas que reconocen sus limitaciones frente a nosotros.
  Reconocer lo que usted no sabe muestra que todavía está aprendiendo, que el profesor es, en realidad, todavía un estudiante.

8. Enseñemos con el corazón
  La mejor enseñanza no sale de fórmulas; es personal. Diferentes personas enseñan literatura de múltiples maneras porque lo hacen de acuerdo a cómo ellos son y cómo ven el mundo. Enseñamos lo que somos. El acto de enseñar requiere el coraje de explorar nuestro propio sentido de identidad.
  Si no sabemos quiénes somos, no podemos conocer completamente a nuestros estudiantes y no podremos conectarnos con ellos. La gente recurre a técnicas para lograrlo hasta que descubren su propia forma de ser profesor. El músico de Jazz Charlie Parker lo expresaba muy fácil: “Si no lo vives, no va a salir de tu trompeta”.

9. Repitamos los puntos importantes
  Si usted quiere que sus estudiantes recuerden algo importante, es necesario que se los diga más de una vez. La primera vez que algo se dice, se escucha. La segunda vez, se reconoce. Y la tercera vez, se aprende.
  El reto está entonces en ser consistente sin volverse predecible o aburrido. Los mejores maestros mantienen su mensaje fresco utilizando nuevas formas de expresar los mismos puntos. Hay que ser ingenioso y disfrazar un poco los temas de manera que la gente piense, “esto no lo había escuchado antes”.

10. Los buenos maestros hacen buenas preguntas
  Un profesor efectivo entiende que aprender es explorar lo desconocido y que tal exploración empieza con formularse las preguntas adecuadas. No se trata de preguntas disfrazadas de conferencias. No se trata de preguntas de falso o verdadero que no encienden discusiones acaloradas. Se trata de preguntas que abren las puertas a más profundos cuestionamientos. “¿Cómo funciona esto?”, “¿Qué significa esto?” y la pregunta favorita: “¿Por qué?”
  Si queremos llegar a lo más profundo de un tema, preguntemos ¿por qué?, cinco veces, como acostumbran los orientales.

11. No se trata simplemente de transferir información
  Se trata de enseñar a la gente a pensar. Lo último que desearíamos hacer es pararnos a decirles lo que tienen que hacer, o darles las respuestas que queremos oír. Los mejores profesores están menos interesados en las respuestas que en las reflexiones que llevan a ellas.
  Lo que los maestros deben ofrecer es un punto de vista enseñable. Lo importante es cómo ellos miran al mundo, cómo interpretan la información y cómo resuelven los problemas. Los mejores ayudan a la gente a aprender cómo pensar por su propia cuenta en vez de indicarles lo que tienen que pensar.
  Queremos trabajar un grupo de alumnos que sepan lo que queremos que sepan, pero al mismo tiempo que se sientan libres de hacer por sí mismos los juicios y decisiones que la vida les exige. También tenemos que saber cuándo ser libres, todos, riendas para que la gente no se vuelva dependiente de nosotros.

12. Dejemos de hablar... y empecemos a escuchar
  Cuando se trata de enseñar, lo que hacemos es casi tan importante como lo que decimos. Después de todo, nuestros estudiantes están todo el tiempo mirándonos. La mejor forma de mostrar que nos interesamos y nos preocupamos por ellos es escuchándolos. El aprendizaje efectivo es una calle de doble vía: es un diálogo, no un monólogo.
  Después de lanzar una pregunta, los malos profesores llenan el silencio con su propia voz en vez de esperar una respuesta. En vez de eso, esperemos diez segundos. Si queremos ser buenos profesores, tenemos que aprender a no sentirnos incómodos con el silencio. Es en esos momentos de quietud, casi eternos, en los que tienen lugar las mejores reflexiones. No los interrumpamos.

13. Dejemos que se enseñen mutuamente
  Los estudiantes no solamente aprenden de su profesor. También aprenden de sí mismos y de sus compañeros. Así es como funciona el triángulo del aprendizaje. Es posible que un estudiante tenga una idea que ninguno había pensado. Tal vez es algo sobre lo que pueden ampliar la discusión. Es muy excitante ver a los estudiantes interactuar.

14.  Evitemos usar la misma técnica para todos
  Los buenos maestros creen que todos los estudiantes pueden aprender, pero entienden que cada uno lo hace en forma diferente. Algunos son visuales, otros captan rápidamente lo abstracto, algunos prefieren leer. Así que tenemos que adoptar una técnica multidimensional durante las clases.

15.  Nunca paremos de enseñar
  La enseñanza efectiva se deriva de la calidad de la relación entre el maestro y el estudiante. No termina cuando suena la campana o cuando se acaba el día de clase.  

…con todo mi cariño y aprecio a todos mis compañeros profesores.

“Un maestro no es el que muestra el camino a seguir a sus alumnos, sino el que lo recorre día a día con ellos”
Profr. Raúl Hurtado Pérez

3 de mayo de 2013

Mal de amores




Si sientes que se te ha “partido el corazón”, no estás solo. Casi todo el mundo experimenta el tipo de aflicción que denominamos “mal de amores” en algún momento de su vida -y algunas personas parecen pasar por este tipo de experiencias muchas veces en la vida. ¡A veces parece como si todas esas canciones sobre corazones rotos se hubieran escrito precisamente para ti y la situación que estás viviendo!

Hay muchas cosas que te pueden provocar “mal de amores” o que pueden partirte el corazón. Algunas personas experimentan una profunda tristeza cuando una relación romántica llega a su fin antes de que ellas estén preparadas. Otras se enamoran de alguien que no siente lo mismo por ellas. O una persona puede sentir que se le “parte el corazón” cuando un buen amigo desaparece de su vida.

Aunque las causas pueden ser diferentes, la sensación de pérdida es la misma -independientemente de que se trate de la pérdida de algo real o de algo con lo que sólo se había soñado. La gente describe este tipo de experiencias como un sentimiento de profunda amargura, vacío, y tristeza.

A Cristina, de 17 años, se le partió el corazón cuando ella y su novio decidieron poner fin a su relación antes de iniciar sus estudios universitarios en dos universidades que estaban alejadas geográficamente. Ambos consideraron que una relación a distancia probablemente no funcionaría con ellos y sabían en lo más hondo de sus corazones que, si estaban hechos el uno para el otro, encontrarían la forma de volver a estar juntos cuando completaran sus estudios.

Pero seguía siendo muy duro y sumamente triste tener que poner fin a una relación de dos años y medio.Aunque los poetas llevan miles de años escribiendo sobre el mal de amores, cuando te ocurre a ti, lo sientes como si ninguna otra persona en el mundo se hubiera sentido jamás del mismo modo. Si te estás recuperando de una experiencia de este tipo, hay cosas que puedes hacer para aliviar el sufrimiento.

Aquí tienes algunos consejos que te pueden ayudar: Comparte tus sentimientos. Algunas personas encuentran que el hecho de compartir sus sentimientos con alguien de confianza -alguien que se haga eco de lo que están pasando- les ayuda a sentirse mejor. Esto puede implicar expresar todo lo que sientes, e incluso llorar en el hombro de un buen amigo o familiar y dejar que éste te consuele.

A otros les ayuda más salir de casa y hacer aquellas cosas que normalmente disfrutan haciendo, como ir al cine o a un concierto, para desconectar del sufrimiento. Es posible que la gente, con sus mejores intenciones, no entienda la profundidad de tus sentimientos e intente animarte con afirmaciones como “lo superarás” o “ya conocerás a otra persona”.

Probablemente esas personas están intentando ayudarte de la única forma que saben. Pero, si tienes la sensación de que determinada persona es incapaz de entender por lo que estás pasando o intenta minimizar tus sentimientos, habla con alguien que te entienda mejor. Cuídate. Tener partido el corazón puede ser muy estresante, de modo que no permitas que interfiera con tu ritmo de sueño: tu cuerpo necesita descansar para reponerse. Duerme mucho, come alimentos saludables y haz ejercicio regularmente para reducir el estrés y los sentimientos depresivos, e intente elevar tu autoestima.

Recuerda todas las cosas buenas que tienes. A veces las personas que tienen partido el corazón se echan las culpas por lo ocurrido. Pueden ser muy duras consigo mismas, exagerando sus faltas como si hubieran hecho algo para merecer el sufrimiento que están experimentando. Si te das cuenta de que te está ocurriendo esto, ¡corta de raíz!

Recuérdate las cualidades que tienes y, si no se te ocurre ninguna porque el dolor te ofusca la mente, pide a tus amigos que te ayuden a recordar todas las buenas cualidades que tienes.
Manténte ocupado.

Puede costarte bastante cuando estés sumido en la tristeza y dominado por el sentimiento de pérdida, pero ayuda mucho. Es un buen momento para redecorar tu habitación o probar una nueva afición (hobby). Esto no significa que no debas pensar en lo ocurrido -reflexionar sobre lo que nos ha sucedido forma parte del proceso de curación – sino que también debes centrar tu atención en otras cosas.

Date tiempo. Para superar la tristeza hace falta tiempo. Casi todo el mundo cree que nunca se repondrá completamente, pero el espíritu humano es sorprendente -y los males de amores casi siempre se curan al cabo de un tiempo. Pero, ¿cuánto tardarás en superarlo? Eso dependerá de qué fue lo que te partió el corazón, cómo afrontaste la pérdida y con qué rapidez tiendes a recuperarte de las experiencias. Recomponer un corazón roto puede costar sólo unos días o muchas semanas – y a veces incluso meses.

Algunas personas sienten que nunca volverán a ser felices y se refugian en el alcohol o las drogas. Otros se enfadan muchísimo e intentan hacerse daño o hacer daño a otras personas. Las personas que empiezan a beber, a consumir drogas, o a autolesionarse para evadirse de la realidad de la pérdida pueden creer que están mitigando el dolor, pero se tratará de un alivio meramente temporal. Esas personas no están afrontando realmente su dolor, sino tan sólo enmascarándolo, lo que hará que sus sentimientos crezcan en su interior y, a la larga, prolongará su sufrimiento.

A veces la tristeza es tan profunda -o dura tanto tiempo- que la persona necesita ayuda profesional para reponerse. Para aquellas personas que al cabo de unas semanas no se empiezan a encontrar mejor o siguen estando deprimidas, puede ser de gran ayuda hablar con un profesional de la salud mental o psicoterapeuta. O sea que ten paciencia contigo mismo y deja que empiece el proceso de curación.

30 de abril de 2013

Renuncio a ser adulto.



Con la presente, presento mi renuncia a ser adulto.

He decidido aceptar la responsabilidad de tener seis años nuevamente.
·         Quiero navegar barquitos de papel en un estanque y hacer anillos tirando piedras al agua.
·         Quiero pensar que los dulces son mejor que el dinero, pues se pueden comer.
·         Quiero tener un receso y pintar con acuarelas.
·         Quiero salir cómodamente de mi casa sin preocuparme cómo luce mi cabello.
·         Quiero regresar a mi casa, a una comida casera y que alguien corte mi carne.
·         Quiero recostarme a la sombra de un viejo roble, y vender limonada con mis amigos en un día caluroso de verano.
·         Quiero abrazar a mis padres todos los días y enjugar mis lágrimas en sus hombros.
·         Quiero regresar a los tiempos donde la vida era simple...

Cuando todo lo que sabía eran colores, tablas de sumar y cuentos de hadas; y eso no me molestaba, porque no sabía que no sabía y no me preocupaba por no saber.

Cuando todo lo que sabía era ser feliz porque no sabía las cosas que preocupan y molestan.

Quiero pensar que el mundo es justo. Que todo el mundo es honesto y bueno.

Quiero pensar que todo es posible.

En algún lugar de mi juventud maduré y aprendí demasiado.
·         Aprendí de armas nucleares, guerras, prejuicio, hambre y de niños abusados.
·         Aprendí sobre las mentiras, matrimonios infelices, del sufrimiento, la enfermedad, el dolor y la muerte.
·         Aprendí de un mundo donde saben cómo matar y lo hacen.

¿Qué pasó con el tiempo en que pensaba que todo el mundo viviría para siempre, porque no entendía el concepto de la muerte, excepto cuando perdí a mi mascota?

Cuando pensaba que lo peor que pasaba era que alguien me quitara mi pelota de jugar o me escogiera de último para ser su compañero de equipo.

Cuando no necesitaba lentes para leer.

Quiero alejarme de las complejidades de la vida y excitarme nuevamente con las pequeñas cosas una vez más.

Recuerdo cuando era inocente y pensaba que todo el mundo era feliz porque yo lo era.

·         Caminaría de nuevo en la playa pensando solo en la arena entre los dedos de mis pies y la caracola más bonita que pudiera encontrar sin preocuparme por la erosión y la contaminación.
·         Pasaría mis tardes subiendo árboles y montando mi bicicleta hasta llegar al parque, sin la preocupación de que me secuestren.
·         No me preocupaba el tiempo, las deudas, o de dónde iba a sacar el dinero para arreglar el carro.
·         Sólo pensaría en qué iba a ser cuando grande, sin la preocupación de lograrlo o no.

Quiero vivir simple, nuevamente.

·         No quiero que mis días sean de computadoras que se inhiben, de la montaña de papeles en mi escritorio, de noticias deprimentes, ni de cómo sobrevivir unos días más al mes cuando ya no queda dinero en la chequera.
·         No quiero que mis días sean de facturas de médicos o medicinas.
·         No quiero que mis días sean de chismes, enfermedades y la pérdida de seres queridos.

Quiero creer en el poder de la sonrisa, del abrazo, del apretón de manos, de la palabra dulce, de la verdad, de la justicia, de la paz, los sueños, de la imaginación.

Quiero creer en la raza humana y quiero volver a dibujar muñecos en la arena...

¡Oh, siii! Quiero volver a mis seis años nuevamente... y ya está decidido.

Autor Desconocido

13 de enero de 2013

Envejecer es obligatorio, crecer es opcional



Cualquiera consigue quedar más viejo. Eso no exige talento ni habilidad.

Una historia real que sucedió en la Universidad de Antioquia – Medellín, Colombia

El primer día de clases en la Universidad, nuestro profesor se presentó a los alumnos y nos animó a que nos presentásemos a alguien que no conociésemos todavía. Me quedé de pie para mirar alrededor cuando una mano suave tocó mi hombro. Miré para atrás y vi una pequeña señora, viejita y arrugada, sonriéndome radiante, con una sonrisa que iluminaba todo su ser.

Dijo: - "Eh, muchacho... Mi nombre es Rosa. Tengo ochenta y siete años de edad. ¿Puedo darte un abrazo?"... Me reí y respondí: - ¡Claro que puede!". Y ella me dio un gigantesco apretón.

"¿Por qué está Ud. en la facultad a su edad?", pregunté.
Respondió juguetona: - "Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener un montón de hijos y entonces jubilarme y viajar".

"Está bromeando", le dije. Yo estaba curioso por saber qué la había motivado a entrar en este desafío con su edad; y ella dijo: "Siempre soñé con tener estudios universitarios, y ahora estoy teniendo uno!".

Después de clase caminamos hasta el edificio de la cafetería y compartimos una limonada. Nos hicimos amigos instantáneamente. Todos los días en los siguientes tres meses teníamos clase juntos y hablábamos sin parar. Yo quedaba siempre extasiado oyendo a aquella "máquina del tiempo" compartir su experiencia y sabiduría conmigo. En el curso de un año, Rosa se volvió un icono en el campus universitario y hacía amigos fácilmente dondequiera que iba. Adoraba vestirse bien, y se reflejaba en la atención que le daban los otros estudiantes. Estaba disfrutando la vida...

Al fin del semestre invitamos a Rosa a hablar en nuestro banquete del equipo de fútbol. Fue presentada y se aproximó al pódium. Cuando comenzó a leer su charla preparada, dejó caer tres de las cinco hojas al suelo. Frustrada, tomó el micrófono y dijo simplemente: “Discúlpenme, ¡estoy tan nerviosa! ...Nunca conseguiré colocar mis papeles en orden de nuevo, así que déjenme hablarles sobre aquello que sé". “

Mientras reíamos, ella despejó su garganta y comenzó: "No dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar".

Existen solamente tres secretos para que continuemos jóvenes, felices y obteniendo éxito:

  • Se necesita reír y encontrar humor en cada día.
  • Se necesita tener un sueño, pues cuando éstos se pierden, uno muere... ¡Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ni siquiera lo sospechan!
  • Se necesita conocer la diferencia entre envejecer y crecer...


Si usted tiene diecinueve años de edad y se queda tirado en la cama por un año entero sin hacer nada productivo, terminará con veinte años... Si yo tengo ochenta y siete años y me quedo en la cama por un año y no hago cosa alguna, quedaré con ochenta y ocho años...

  • Cualquiera consigue quedar más viejo. Eso no exige talento ni habilidad. La idea es crecer a través de la vida y encontrar siempre oportunidad en la novedad.
  • Los viejos generalmente no se arrepienten por aquello que hicieron, sino por aquellas cosas que dejaron de hacer.
  • Las únicas personas que tienen miedo de la muerte son aquellas que tienen remordimientos.


Al fin de ese año, Rosa terminó el último año de la facultad que comenzó tantos años atrás. Una semana después de recibirse, Rosa murió tranquilamente durante el sueño. Más de dos mil alumnos de la facultad fuimos a su funeral en tributo a la maravillosa mujer que enseñó, a través del ejemplo, que "nunca es demasiado tarde para ser todo aquello que uno puede probablemente ser".

"ENVEJECER ES OBLIGATORIO, CRECER ES OPCIONAL"

Si alguna vez no te dan la sonrisa esperada, sé generoso y da la tuya, porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa como aquel que no sabe sonreír a los demás.

Autor: Fuente: Universidad de Antioquia Medellín. Col. 

12 de enero de 2013

Nosotros y nuestros hijos.


Era miércoles, 8:00 a.m., llegué puntual a la escuela de mi hijo.
- No olviden venir a la reunión, es obligatoria - fue lo que la maestra escribió en el cuaderno del niño.
- ¡Pues qué cree la maestra! ¿Cree que podemos disponer del tiempo a la hora que ella diga? Si supiera qué importante era la reunión que tenía a las 8:30 a.m., de aquí dependía un buen negocio y... ¡tuve que cancelarla!...
Ahí estábamos todos, papás y mamás, la maestra empezó puntual, agradeció nuestra presencia y empezó a hablar.
No recuerdo qué dijo, mi mente estaba pensando cómo resolver lo de ése negocio, probablemente podríamos comprar una nueva televisión con el dinero que recibiría.
- Juan Rodríguez!... escuché a lo lejos. ¿No está el papá de Juan Rodríguez? dijo la maestra.
- ¡¡Sí, sí, aquí estoy!! Contesté pasando a recibir la boleta de mi hijo. Regresé a mi silla y me dispuse a verla.
- ¿Para esto vine? ¿Qué es esto?...
La boleta estaba llena de seis y sietes. Guardé las calificaciones inmediatamente, escondiéndola para que ninguna persona viera las porquerías de calificaciones de mi hijo.
De regreso a la casa aumentó más mi coraje a la vez que pensaba...., ¡si le doy todo! ¡Nada le falta ¡Ahora sí le va a ir muy mal!...
Me estacioné y salí del carro, entré a la casa, tiré la puerta y grité: ¡¡¡Ven acá Juan!!!
Juan estaba en su recámara y corrió a abrazarme. - ¡Papi!...
- ¡Qué papi, ni que nada!- Lo retiré de mí, me quité el cinturón y lo castigué dos veces, al mismo tiempo que decía lo que pensaba de él. ¡¡¡¡ Y te me vas a tu cuarto!!! - terminé.
Juan se fue llorando, su cara estaba roja y su boca temblaba.
Mi esposa no dijo nada, solo movió la cabeza negativamente y se fue...
Cuando me fui a acostar, ya más tranquilo, mi esposa me entregó otra vez la libreta de calificaciones de Juan, que estaba dentro de mi saco y me dijo: Léela despacio y después toma tu decisión...
Ésta decía así:
Boleta de calificaciones para el papá:



¡¡¡Él me había puesto seis y sietes, a mí!!! Yo me hubiese calificado con menos de cinco...
Me levanté y corrí a la habitación de mi hijo, lo abracé y lloré...Quería regresar el tiempo, pero era imposible...
Juanito abrió sus ojos, aún estaban hinchados por sus lágrimas, me sonrió, me abrazó y me dijo: ¡te quiero papi! Cerró sus ojos y se durmió.
¡Qué duro es ver nuestros errores como padres desde esta perspectiva!....
Démosle el VALOR a lo que realmente es de valor para nosotros: ¡¡¡Nuestra familia!!!
Hay muchas personas que desean un hijo y no lo tienen. Dios te dio una familia, apréciala, amala, compréndela.
El día de mañana el Señor te pedirá cuentas por tu familia y ¿qué le vas a contestar?

29 de diciembre de 2012

La viejita malhumorada



¿Qué ven hermanas? ¿Qué ven? ¿Qué piensan cuando me miran?

Una vieja malhumorada, no demasiado inteligente, de costumbres inciertas, con sus ojos soñadores fijos en la lejanía.

La vieja que escupe la comida y no contesta cuando tratan de convencerla “Dele, haga un pequeño esfuerzo”

La viejita, quien ustedes creen que no se da cuenta de las cosas que ustedes hacen y que continuamente pierde el guante o el zapato. La viejita, quien contra su voluntad, pero mansamente les permite que hagan lo que quieran, que la bañen y alimenten, sólo para que así pase el largo día.

¿Es eso lo que piensan? ¿Es eso lo que ven? Si es así, abran los ojos, hermanas, porque esto que ustedes ven ¡no soy yo!

Les voy a contar quién soy, cuando aquí estoy sentada tan tranquila, tal como me ordenan, cuando como por orden de ustedes. Soy una niñita de diez años que tiene padre y madre, hermanos y hermanas, que se aman.

Soy una jovencita de dieciséis años, con alas en los pies, que sueña que pronto encontrará a su amado. Soy una novia a los veinte, mi corazón da brincos, cuando hago la promesa que me ata hasta el fin de mi vida. Ahora tengo veinticinco, tengo mis hijos, quienes necesitan que los guíe, tengo un hogar seguro y feliz.

Soy mujer a los treinta, los hijos crecen rápido, estamos unidos con lazos que deberían durar para siempre. Cuando cumplo cuarenta mis hijos ya crecieron y no están en casa, pero a mi lado está mi esposo que se ocupa de que yo no esté triste.

A los cincuenta, otra vez, sobre mis rodillas juegan los bebés, de nuevo conozco a los niños, a mis seres amados y a mí. Sobre mí se ciernen nubes oscuras, mi esposo ha muerto, cuando veo el futuro me erizo toda de terror.

Mis hijos se alejan, tienen a sus propios hijos, pienso en todos los años que pasaron y en el amor que conocí. Ahora soy una vieja. Qué cruel es la naturaleza! La vejez es una burla que convierte al ser humano en un alienado. El cuerpo se marchita, el atractivo y la fuerza desaparecen, allí, donde una vez tuve el corazón ahora hay una piedra.

Sin embargo, dentro de estas viejas ruinas todavía vive la jovencita. Mi fatigado corazón, de vez en cuando, todavía sabe rebosar de sentimientos.

Recuerdo los días felices y los tristes. En mi pensamiento vuelvo a amar y vuelvo a vivir mi pasado. Pienso en todos esos años que fueron demasiado pocos y pasaron demasiado rápido, y acepto el hecho inevitable que nada puede durar para siempre.

Por eso, gente, abran sus ojos, abran sus ojos y vean! Ante ustedes no está una vieja malhumorada ante ustedes ¡¡Estoy YO!!
Recuerden este poema la próxima vez que se encuentren con una persona mayor y a quien tal vez esquiven, sin mirar primero su alma joven. Todos vamos a estar algún día en su lugar

Nunca se olviden de los viejos malhumorados

¿Adolescencia? ¿Que es eso?



Recuerdo que de pequeña quería crecer, ser adolescente, sentirme bonita, lucir los mejores vestidos y tacones, hoy que lo soy nada me haría más feliz que volver a ser una niña pequeña.

Es que en realidad son demasiados cambios en poco tiempo; es ver a tus padres como personas que te privan de la “diversión” cuando antes los veías como unos héroes.

Es ver a la persona que te gusta y sentir que se te sale el corazón o peor aun ¡las hormonas! Cuando antes te parecía asqueroso ver a personas besarse.

O sentir que nadie te entiende y pensar “Si supieran lo difícil que es mi vida”

O bien estar tan frustrado que ni tu mismo te logras entender; ¿Qué me pasa? Te preguntas, descubres cosas muy nuevas y surge la pregunta del “¿Qué van a pensar de mi?”

Querido adolescente…

¡VIVE! Eres joven más no adulto. Aun eres casi un niño, cuídate como tal

¡DISFRUTA! Si te la vives pensando en el querer tener a todo el mundo contento debes entender que eso JAMAS lo lograras ¡se tu mismo!

¡PIENSA! Si ya lo sé, lo único que quieres es “divertirte” pero no seas tonto, hay errores que no se arreglan, si tan adulto te crees piensa como tal; ¡con madurez!

¡VALORA! A tus padres y a los pocos verdaderos amigos

¡NO TE PASES! Te apuesto que tienes menos de 18 años, ósea una hermosa y larga vida por delante, no la quieras echar a perder enredándote en la droga o en cualquier otra cosa estúpida que solo terminara por destruirte.

Pero sobre todo ¡CUIDATE! Por favor no te quieras sentir el “Niño grande” ¡NO LO ERES! Entiende no vas a crecer ni mucho menos a madurar por beber hasta ponerte borracho, ni por fumar, ni por drogarte, mucho menos te harás mas mujer o mas hombre teniendo sexo; la madurez se mide desde otro punto muy diferente…

¡Niño! ¡Niña! Disfruta esta etapa que es maravillosa, no la eches a perder de un día para otro; recuerda que todo a su tiempo…

Aracely Sarahy Orozco Aranda 
3° A t/m Generación 2010-2013 
Escuela Secundaria Técnica 85 Tonalá, Jalisco

31 de octubre de 2012

La tacita


Se cuenta que una vez en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de esas tiendas era una en donde vendían vajillas antiguas.
En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita.
- “¿Me permite ver esa taza?” Preguntó la señora, “¡nunca he visto nada tan fino!.
En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar.
- Usted no entiende – Yo no siempre he sido esta taza que usted esta sosteniendo. Hace mucho tiempo yo era solo un montón de barro. Mi creador me tomo entre sus manos y me golpeó y me amoldó cariñosamente.
Luego llegó el momento en que me desesperé y le grité:
“Por favor”. ¡Déjame ya en paz!.
Pero mi amo sólo me sonrió y me dijo: ..
- ”Aguanta un poco más, todavía no es tiempo.”
Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor… Me pregunté por qué mi amo querría quemarme, así que toqué la puerta del horno.
A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi amo que me decían:
- “Aguanta un poco más, todavía no es tiempo.”
Finalmente se abrió la puerta, mi amo me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara.
- “Así está mucho mejor”, me dije a mi misma; pero apenas me había refrescado, cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintando. El olor a la pintura era horrible, ¡sentía que me ahogaría!.
- ”Por favor detente”, le gritaba yo a mi amo.
Pero él solo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía:
- “Aguanta un poco más, todavía no es tiempo.”
Al fin mi amo dejó de pintarme; pero, esta vez me tomó y me metió nuevamente en otro horno. No era un horno como el primero; sino que era mucho más caliente.
Ahora sí estaba segura que me sofocaría. Le rogué, y le imploré a mi amo que me sacara. Grité, lloré; pero mi creador sólo me miraba diciendo:
- “Aguanta un poco más, todavía no es tiempo”.
En ese momento me di cuenta que no había esperanza. Nunca lograría sobrevivir a ese horno. Justo cuando estaba a punto de darme por vencida se abrió la puerta y mi amo me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aun más alta que la primera. Allí me dejó un momento para que me refrescara.
Después de una hora de haber salido del segundo horno, mi amo me dio un espejo y me dijo:
- “Mírate” “¡Esta eres tú!”
¡Yo no  podía creerlo! ¡Esa no podía ser yo! Lo que veía era hermoso.
Mi amo nuevamente me dijo:
- “Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos; pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causó mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado.
También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color. Y si no te hubiera puesto en el segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras.
“¡Ahora tú eres un producto terminado!” “¡Eres lo que imaginé cuando te comencé a formar!”.
Anónimo

19 de octubre de 2012

Los irresponsables

Hoy les quiero comentar sobre un tema que me ha impactado bastante, desde que llegue a Costa Rica, porque esta situación, como u9618530273px esta expandida a todos los niveles jos, están haciendo de las suyas los irresponsables , porque ya es una practica muy habitual, que los patrones, al final de la semana, con un rostro mas fresco que una lechuga a las 6 de la mañana, le comuniquen a sus trabajadores que no tienen "plata", para pagarles el salario, y luego les exponen las excusas mas absurdas que se puedan imaginar.

Esta situación me resulto traumática desde el principio y todavía hoy no entiendo como es posible que sucedan ne-height: 18.899999618530273px;">
Pero hasta en los niveles mas bajos, están haciendo de las suyas los irresponsables , porque ya es una practica muy habitual, que los patrones, al final de la semana, con un rostro mas fresco que una lechuga a las 6 de la mañana, le comuniquen a sus trabajadores que no tienen "plata", para pagarles el salario, y luego les exponen las excusas mas absurdas que se puedan imaginar.

Esta situación me resulto traumática desde el principio y todavía hoy no entiendo como es posible que sucedan estas cosas, porque siempre tuve claro que esa acción era el resultado de una ecuación muy simple yo trabajo= tu pagas, así de sencillo, quizás me cuesta mas trabajo asimilarlo porque vengo de un país donde me acostumbraron a recibir puntualmente lo que me correspondía, porque allí el salario de los trabajadores es sagrado, como debe ser, porque ese derecho elemental de cobrar el salario por cada jornada laboral trabajada pienso que debe ser respetado.

Es realmente muy incomodo, tener que convivir con personas tan irresponsables, porque son las encargadas, entre otras, de complicarnos la vida. Pienso que los padres debemos jugar un papel mas activo en ese sentido, porque es nuestro deber enseñarles a nuestros hijos desde pequeños, los hábitos y costumbres que los lleven a adquirir una formación adecuada.

Si por ejemplo, cada vez que los muchachos dejan la ropa tirada, la mamita viene detrás para ponerla en su lugar, lejos de ayudarlos, les están haciendo daño, porque si los acostumbramos a no tener obligaciones, solo se convertirán en unos irresponsables, como es el caso de una señora que conozco que ya rebasa los 50 años y aun su esposo debe despertarla cada mañana para que vaya al trabajo, porque de otra manera la señora se queda dormida; o como aquel compañero que no logra llegar temprano a ninguna cita y siempre tiene un pretexto para justificarse, o como aquellos y/o aquellas, que hacen el amor con cualquiera, sin utilizar ningún tipo de protección. Bueno, ejemplos de irresponsables creo que hay muchisimos para enumerar y que son bien conocidos por todos, pero insisto en que lo mas importante esta', en la formación que otorguemos a nuestros hijos, porque después que se conviertan en unos informales, ya queda poco por hacer y la tarea se complica mas, porque como cualquier tendencia negativa, para evitar que prospere, hay que tomar medidas a tiempo, es decir, desde que los niños son pequeños, pero en este aspecto creo que lo fundamental, es tratar de no imponerles por la fuerza un tipo de conducta, sino que debemos educarlos dándoles buenos ejemplos, porque como dice el refrán: "el niño hace mas lo que ve hacer, que lo que le dicen que haga"

27 de septiembre de 2012

La onda verde


En la fila del supermercado, el cajero le dijo a una señora mayor que debería traer su propia bolsa de compras ya que las bolsas plásticas no eran buenas para el medio ambiente. 

La señora pidió disculpas y explicó: “Es que no había esta onda verde en mis tiempos”. 

El empleado le contestó: “Ese es nuestro problema ahora. Su generación no tuvo suficiente cuidado para preservar nuestro medio ambiente.”

Tenía razón, nuestra generación no vivía la onda verde en esos tiempos. En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosas y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la planta para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las “reciclaban”. Pero no teníamos onda verde en nuestros tiempos.

Subíamos las gradas, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio y oficina. Caminábamos al almacén en lugar de montar en nuestro vehículo de 300 caballos de fuerza cada vez que necesitábamos recorrer dos cuadras. Pero tenía razón, no teníamos la onda verde en nuestros días.

Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en esas máquinas consumidoras de energía sacudiéndose a 220 voltios, la energía solar y eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos. Pero esa señora está en lo cierto: no teníamos una onda verde en nuestros días.

En ese entonces teníamos una televisión, o radio, en la casa, no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo (¿se acuerdan?), no una pantallota del tamaño de un estadio.

En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hagan todo por nosotros. Cuando empacábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no plastoformos o bolitas plásticas.

En esos tiempos no encendíamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el pasto. Usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre pistas mecánicas que funcionan con electricidad. Pero ella está en lo cierto: no había en esos tiempos una onda verde.

Bebíamos de una fuente cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico cada vez que teníamos que tomar agua. Recargábamos las plumas con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las hojillas de afeitar en vez de echar a la basura toda la afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo. Pero no teníamos una onda verde por entonces.

En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o un ómnibus y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o caminaban, en lugar de usar a la mamá como un servicio de taxi de 24 horas. Teníamos un enchufe en cada habitación, no un banco de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales de satélites a kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.

Así que ¿no les parece lamentable que la actual generación esté lamentándose cuán botarates éramos los viejos por no tener esta onda verde en nuestros tiempos?